ALA presentó una mesa sobre antropologías feministas latinoamericanas en el Congreso de la IUAES 2021 Yucatán

La Asociación Latinoamericana de Antropología (ALA) presentó al martes 9 de noviembre del 2021 la mesa redonda Latin American Feminist Anthropologies in Changing Contexts: Theoretical, Ethnographic and Political Challenges (Antropologías Feministas Latinoamericanas en contextos cambiantes: desafíos teóricos, etnográficos y políticos), en el Congreso de la International Union of Anthropological and Ethnological Sciences (IUAES) 2021 Yucatán, organizado en coordinación con la IUAES Commission on Global Feminisms and Queer Politics.

Bajo la moderación de Martha Patricia Castañeda, vicepresidenta de la ALA y coordinadora del Grupo de Trabajo de la ALA Antropologías feministas y de género, confluyeron Lina Rosa Berrio-Palomo (del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México), Pamela Calla (New York University, Bolivia/Estados Unidos), Miriam Grossi (Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil), Susana Rostagnol (Universidad de la República, Uruguay) y Diana Gómez Correal (Universidad de los Andes, Colombia).

Castañeda refirió que la mesa, tal cual indicaba su resumen, reflejaba un acercamiento a las antropologías feministas para resaltar la pluralidad y llamar la atención sobre la diversidad de temas y problemas que se abordaban en diferentes latitudes. También, con esta mesa se buscaba trabajar algunas de las inquietudes contemporáneas de las antropólogas feministas e incorporar esta reflexión dentro de los temas de interés del Congreso de la IUAES.

Luego, se proyectó un video de Lía Ferrero, presidenta de la ALA, quien presentó esta asociación que agrupaba a trece colegios, redes y asociaciones de América Latina y el Caribe "con un compromiso ético político muy definido con nuestras antropologías, desde un locus de enunciación muy claro, que es desde el Sur". Esta mesa redonda, enfatizó, se enmarcó dentro de las líneas de trabajo de la ALA y "también es parte del compromiso que como Comisión Directiva asumimos, cuando propusimos nuestros proyectos para la Asociación, de hacer de ALA un espacio libre de violencia de género".

Ferrero reiteró el llamado a las asociaciones pertenecientes a ALA, así como al conjunto de profesionales de la antropología, a impedir la recurrencia de estos actos. También conminó "a trabajar dentro y fuera de nuestras asociaciones, instituciones y espacios laborales para prevenir, atender, sancionar y erradicar estas prácticas, que atentan contra la dignidad y la integridad de nuestras compañeras y denigran a nuestra profesión. No podemos seguir permitiendo que estas situaciones se repitan y que les violentos y abusadores aniden en nuestras academias. Es hora de interrumpir esas violencias, es hora de llevar a la práctica lo que desde nuestras retóricas pregonamos", dijo.

La mesa redonda, expuso la presidenta de la ALA, se presentaría en castellano, "porque vamos a dialogar en nuestros propios términos, unos términos que además de expresarse en nuestros idiomas, están marcados por un lugar (aquí), tiempo (ahora) y sujeto (nosotres) a partir de un para qué (proyecto político pertinente)”.

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Moderación de Martha Patricia Castañeda, vicepresidente de la ALA.

 

Recuperar el legado de las mujeres en las genealogías antropológicas

Mientras Berrio-Palomo enfatizó en la importancia de diversificar los feminismos y reconocer las ancestras y otras epistemologías allende a la academia, Grossi contó sobre la importancia de recuperar el legado de esas antropólogas que trabajaron en Brasil en las décadas del cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX y no habían sido reconocidas en la geneología de la disciplina.

Dentro de estos casos, Grossi rememoró a la esposa de Darcy Ribeiro, Berta Gleizer Ribeiro, quien investigó a comunidades indígenas, así como a Heloísa Alberto Torres, quien fue directora del Museo Nacional en Río de Janeiro y era reconocida más como hija del intelectual Alberto Torres. En este grupo también se encontraba la esposa de Claude Lévi-Strauss, Dina Dreyfus, quien fue etnóloga, antropóloga, socióloga y filósofa, y quien estudió los grupos indígenas de Brasil. Igualmente, Grossi nombró a Claudia Fonseca, más brasileña que norteamericana, ya que nació en Estados Unidos pero dedicó su carrera investigativa en el gigante del sur.

Grossi también señaló a Gioconda Mussolini, primera antropóloga negra brasileña, así como a Mariza Corrêa, “fundamental en la antropología feminista de Brasil”, entre otras colegas invisibilizadas.

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Participación de Miriam Grossi.

 

Constelaciones feministas

Por su parte, la boliviana Pamela Calla, quien residía en Estados Unidos, explicó que el hecho de vivir en diferentes mundos había propiciado que sintiese las fronteras porosas y por esto conminó a construir unas genealogías interdisciplinarias.

“Con la colega (mexicana) Marisa Ruiz Trejo hemos conversado cómo construir las constelaciones feministas, cómo hacer que nuestras genealogías reflejen momentos de encuentros y acuerdos interculturales, así como de desencuentros y tensiones”, explicó Calla, quien había trabajado al lado de feministas chicanas y afroamericanas. “No son antropólogas, pero tienen trayectorias”, intereses y problemáticas en común, como las crisis de los cuidados o las crisis ambientales, dijo.

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Exposición de Pamela Calla.

Desde Uruguay, Susana Rostagnol expuso que en su país existe poca tradición antropológica feminista, de allí que para tejer genealogías se apoyasen con los países vecinos Argentina y Brasil. “La palabra constelación me gusta: genealogías para ver los cruces, tanto desde la antropología como desde la interdisciplina. En Uruguay estamos consolidando un centro de estudios feministas en la universidad y haciendo propuesta de memorias feministas y activistas, que también son plurales. Y ver la cantidad de antropólogas que no aparecen en la historia de la antropología”.

Para Rostagnol, la academia feminista se encontraba muy vinculada al activismo. Retomando las palabras de Virginia “Gina” Vargas, concluyó que los feminismos latinoamericanos estaban pivoteando entre las elaboraciones conceptuales y praxis políticas. “¿Cómo se ensamblaron antropólogas feministas extranjeras y que se latinoamericanizaron? Hubo una conjunción de antropólogas del noratlántico que se ensamblaron muy bien, estoy pensando en Olivia Harris, June Nash también. Es importante ver la diversidad de posturas para que dialoguen sin imponer unas sobre otras, porque hay academias más hegemónicas o racializadas”, explicó.

Dentro de los comentarios se recordaron otros nombres, como las de Helen Iken Safa, quien trabajó en Cuba, Puerto Rico y Brasil, así como Jane Collier, quien investigó en México. Igualmente sobresalieron Mary Elmendorf, Beverley Chiñas y Veronika Bennholdt Thomsen.

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Intervención de Susana Rostagnol.

Para la colombiana Diana Marcela Gómez, pluralizar la disciplina al reconocer las contribuciones de las mujeres era una tarea propia de los feminismos para romper el carácter patriarcal y heteronormativo en la construcción de la historia de la antropología. Si bien observaba un avance de los feminismos, también esta antropóloga sentía “la poca importancia del feminismo para la producción académica”.

Esto conllevaría a posicionar los feminismos para generar agendas de investigación. Recordó en Colombia los legados de Virginia Gutiérrez de Pineda, quien posicionó el tema de la familia, así como el trabajo de Myriam Jimeno, quienes trazaron líneas de investigación. “Nos están permitiendo romper con la colonialidad del saber”, enfatizó Gómez, pero a su vez romper con los extractivismos académicos al reconocer los sujetos y sujetas plurales que habitaban en América Latina: las epistemologías indígenas, afrodescendientes, de mujeres, entre otras.

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Aportes de Diana Marcela Gómez a la mesa redonda.

 

¿Academia y activismo: una relación indisociable?

Investigación y/o activismo. ¿Podría hablarse de una relación indisociable entre ambos en los feminismos latinoamericanos? Esta pregunta guió la segunda parte de la mesa redonda.

El cuerpo-territorio, planteado por Pamela Calla, permitió resignificar lo que implicaban las luchas para las mujeres. Recordando la trayectoria de Bolivia con la guerra del agua y luego la elección de Evo Morales en la presidencia, Calla rescató lo que llamo la “ambientalización de los feminismos”, y “cómo las mujeres indígenas y no-indígenas han logrado contagiarse” de estas luchas: desde reconocer el agua como derecho humano hasta que la Tierra tenga derechos. “El cuerpo-territorio hay que protegerlo, porque violentar el cuerpo-territorio de las mujeres indígenas es violencia contra la comunidad y contra la naturaleza, que es vida”, describió.

Por su parte, Lina Berrio-Palomo también reconoció que las feministas se movían en varios planos en paralelo: doble pertenencia entre academia y activismo. Si bien se habían alcanzado logros, la lucha continuaba: “El acuerparnos para acompañarnos a nosotras mismas es muy importante”, refirió Berrio-Palomo, quien dijo que era oriunda de una comunidad indígena y a la vez afro de Colombia. “No solo nos acompañamos, sino que vamos reconstruyendo nuestras propias identidades. Rosa Campoalegre llamó a ennegrecer la academia, reconocer esas epistemologías por fuera de la academia, y pronunciarnos a favor de las luchas” reivindicativas.

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Comunicación de Lina Berrio-Palomo.

Susana Rostagnol celebró el término de “acuerparnos”, pero en vez de acompañar conminó a participar de las luchas, ya que lo intergeneracional se había convertido en un problema, concluyó.

“Las que somos más grandes no hemos logrado comunicarnos de manera adecuado, hay un no-diálogo. ¿Cómo recuperar una genealogía de lo que pasó antes, pero también de lo que estas nuevas voces están diciendo? -se preguntó Rostagnol-. Hay muchos quiebres dentro de los feminismos que no podemos soslayarlos, tanto entre académicas y activistas, y necesitamos ver cómo podemos ir dialogando y entendiéndonos”, especialmente frente a las expresiones y avances del conservadurismo.

Diana Marcela Gómez aportó también hacia ese sentido: “No lo veo como un acompañamiento sino como una militancia dentro de la academia y los movimientos sociales. Hay que hacer que el fantasma de los feminismos inunde la academia, precisamos ponerlo en todos los programas de clases. Inundar las agendas investigativas”. También consideró necesario erradicar las violencias contra las mujeres como una lucha que transversalizaba todos los feminismos, pese a sus tensiones y contradicciones a lo interno: “La mirada de los feminismos siempre ha sido intergeneracional, ya que hemos visto lo que han vivido otras mujeres y cómo no queremos vivirlo”.

Miriam Grossi explicó que esa generación de feministas de las décadas del setenta y ochenta del siglo XX, a la cual ella pertenecía, fue primero activista y luego académica; también hubo otras colegas que descubrieron su activismo feminista dentro de la academia. Para esta antropóloga brasileña, la relación academia-calle había sido simbiótica. Durante los trece años de gobiernos de izquierda en Brasil, las feministas trabajaron de la mano con el Estado: “Mientras la antropología se volvía cada vez más teórica, la antropología feminista en Brasil se hacía más práctica y activista”, enseñando a los/as estudiantes a ser sociales, a unirse a las luchas reivindicativas.

 

Los retos y futuro de las antropologías feministas

Para cerrar esta mesa redonda, la moderadora Martha Patricia Castañeda invitó a las panelistas a disertar sobre el futuro de las antropologías feministas, los aportes y especialmente sus retos.

Diana Marcela Gómez consideró los aportes de los feminismos en plural, “porque la antropología sola se queda corta”: (1) poner en el centro los cuidados y la defensa de la vida; (2) brindar esa mirada interseccional del carácter patriarcal de las violencias para hablar de diferentes opresiones, gracias a los aportes de los feminismos negros, chicanos, indígenas; (3) la capacidad de articulación horizontal en esos distintos feminismos; y, por último, (4) poner la lupa en dimensiones desconocidas, como las emociones, el cuerpo, las relaciones con los muertos, las subjetividades en sí.

Para Pamela Calla, los feminismos habían desafiado y desarmado las violencias del capitalismo racial y heteropatriarcal, lo que implicaba pelear en contra de las separaciones y dicotomías: “No dejar que un movimiento antirracista pueda articularse con un movimiento extractivista, por ejemplo. El reto está en cómo articular los movimientos y ubicar esa dificultad de no poder juntarse para armar luchas antirracistas, antipatriarcales y antiextractivista de manera coherente”.

Por su parte, Susana Rostagnol enfatizó en la importancia de fortalecer y profundizar los distintos feminismos y cómo lograr feminismos con la raíz más sólida, pese a las tensiones.

Para Lina Berrio-Palomo, genealogizar las diferentes violencias no era una línea que escojan las feministas, “sino que la realidad nos la está poniendo, nos toca, nos interpela… es un tema sobre el cual no podemos no actuar. Es una línea teórica, política y de acción muy importante”. La pandemia, dijo, había develado la crisis del cuidado y cómo esta recaía sobre las mujeres. “La reproducción social de la vida, el bienestar y el cuidado como trabajo, es una línea importante. Necesitamos que no se coloque solo en datos, estadística, sino que tiene cuerpos determinados, racializados”.

También invitó a las feministas a dialogar sobre sus tabúes, incomodidades e inconformidades. “Creo que hay líneas de continuidades y líneas que nos están llamando a la defensa de la vida”, concluyó Berrio-Palomo.

Según Miriam Grossi, las antropologías feministas latinoamericanas necesitaban luchar un lugar en las antropologías feministas mundiales. “Los estudios de la violencia de las antropologías feministas latinoamericanas tienen una contribución fundamental. También necesitamos pensar en los extractivismos teóricos: no queremos más ser informantes de las otras antropologías sino estar en una relación de reciprocidad y reconocimiento. Las redes son fundamentales para lo que estamos planteando, sobre todo en este momento de crisis mundial”. Con el avance de las derechas, expuso, “requerimos pensar cómo vamos a enfrentarlo, porque somos las primeras atacadas dentro de las universidades”.